Durante toda mi estadía en el colegio, sentí que sólo servia para aquellas cosas que en la vida "nada" valen. Cosas como los deportes, las artes, la música, y oras que no son muy valoradas como la historia y sobre todo el lenguaje.
Estuve tantas veces convencida de aquello que estudiaría, de lo que "sería cuando grande", pero no fue hasta mi último año en donde me di cuenta de lo que de verdad me gustaba y que en lo que a opinión de algunos, era buena.
Creo que nunca me había dado cuenta de cuanto disfrutaba escribir, hasta que noté que cada vez que escribía una carta el receptor lloraba, porque decía que algo en ella logró tocarlo; hasta que haciendo una introspección y un orden en mi pieza encontré todas aquellas canciones que escribí y en los distintos momentos de mi vida.
Me he dado cuenta que para estudiar carreras como la mía, sin querer sonar petulante, hay que tener valor y determinación; porque la sociedad en la cual estamos sumergidos es muy critica y todo aquello que no tenga un efecto inmediato no sirve. Además es mucho más fácil poder controlar una sociedad que no piensa. Porque eso es lo que hacen los literatos, observan, analizan y piensan.
Es complicado enfrentar los prejuicios de la gente frente a la carrera de Literatura, el escuchar: "¿Y eso que es?, ¿Cómo vas a vivir de eso?, ¿En que vas a trabajar?, ¡Te vas a morir de hambre!, etc. Incluso cuando personas que te conocen te presentan con el estudiante de literatura, y te convierte de esa forma en un animalito; esos que se encuentran en el zoológico, en el centro de la pista, observado por cientos de ojos esperando que hagas algo.
Pero yo ya vencí eso y lo hice porque conocí a más personas como yo, que piensan similar a mi y que sienten semejante a mi. Como un profe nos dijo en una clase: "Al entrar a esta sala llena de "estúpidos" me doy cuenta que soy uno de ustedes y me doy cuenta de que no somos nosotros los estúpidos, sino lo que están allá afuera hablando de puras tonteras banales y sin importancia"