
La tristeza es un como un huracán; porque nadie lo espera y cuando llega arrasa con todo lo bueno que hay a su paso. Pero lo que la gente nunca ve es lo bello que queda el cielo después de un huracán, así como tampoco se dan cuenta lo hermoso que ocurre a nuestro alrededor cuando nosotros no sumergimos en la pena.
Es como el mar porque da la sensación de ser eterna y de no tener una profundidad precisa, pero como el fondo del océano tiene altos y bajos y a pesar de verlo o creerlo infinito tiene un fin o eso no hacen creer. Pero de repente termina un océano y empieza otro. Así como los océanos son varios, la tristeza también lo es. Pero de la misma forma en que entre océano y océano hay espacios de tierra; entre tristeza y tristeza hay alegrías.
Es como un torpedo, silenciosa, rápida, imperceptible. Pero al igual que un torpedo puede destruir un buque entero, la tristeza puede desbaratar al más rudo y fuerte de los hombres.
Es como una planta, porque puede partir siendo pequeña, pero si uno la alimenta y le pone mucha atención; esta crece a veces a alturas exorbitantes, se expande; de la misma forma cuando un árbol estira sus ramas. Y florece, pero la diferencia entre las flores o frutos de un árbol, son buenos; pero los frutos que da la tristeza se alejan totalmente de la realidad.
Es como el ascensor de una mina, porque siempre llega a lo más profundo de la persona, la tristeza es una enfermedad como el cáncer, pero está no ataca al cuerpo, sino que aqueja al alma.
Por último quiero decir que la tristeza no discrimina, ella ataca a todos de la misma forma, pero nunca con la misma intensidad. Porque es como la peste, depende de cada persona que tan fuerte le afecta.